“This cabrón ha sabido leerme”

The name of the new amendment Luis Landero summarizes what the reader will encounter in the following lines. Winter interview (Tusquets), which you can find in bookstores, is a large booklet full of stories. The difference is that in this volume, the stories are told by new characters captured in a country hotel in the days when our country was blessed in the year 2021 by the aggressive slug Filomena.

Five years later, the capital has a much less forbidding appearance than before. However, the busy streets of the center remind us of the serious situation that Andalucia is experiencing these days precisely because of the inclement weather. In Madrid it is a pleasant temperature, a sunny day and the writer in harmony has his gala excellent hospitality after we receive it.

In the manner of a philandon leonés or AND Decameron modernmany stories starring flawed human beings who yearn for the freedom of a beggar who yearns to return to the haven of defunct customs. The precision of the prose, whose rigor does not weaken its elegant fluidity, elevates the great themes that are addressed in this work: love, dignity, beauty, solitude, the idea of ​​God, and above all, the imperial necessity that the individual must tell.

Please. How did this novel come about? Did they remember the central story, the imprisonment because of Filomena, or did they look at the stories the characters talked about first?

Response. Maybe it’s true that I don’t understand it. From there was born the idea of ​​people talking, a new dialogue in which people think about something, talk as they would talk in a time when there was no television, because television dissolved groups of storytellers.

» Stories come to everyone’s mind when they get up and start work every morning. As of now, something is still happening. And then later, even if no one writes to you in this class, continue to practice the writer a little and Sometimes ideas don’t come to you in the morning until late, when the football game is coming up. In fact, it’s such a simple idea that it doesn’t have much value when it happens to you: the happy people who have stories about it.

P. This flair for oral storytelling comes from his childhood village of Alburquerque…

R. Obviously, why do I know what to do? Pues hablar This is why there is no other way to have fun. The movement has broken a lot of this, but let’s keep thinking about what it is. You’re talking to someone and you ask yourself what it is, and if the conversation continues, little things can come up that matter. Sometimes we have big things in life, but the little things are worth mentioning.

P. Suponemos que la oralidad es lo que ha potenciado su celebrado sentido del oído para la literatura…

R. Bueno, porque yo no tuve libros de niño, tuve diálogos. O sea, yo oía hablar a la gente, conocía el lenguaje oral antes que el lenguaje escrito. Además, mi familia campesina hablaba muy bien, a pesar de que no habían ido a la escuela, pero eso no importa. Hablaban de maravilla porque se esmeraban en hablar bien y porque era el lenguaje oral depurado y perfilado a lo largo de los siglos. Un lenguaje muy creativo.

»De hecho, cuando empecé a leer a los clásicos españoles, el Lazarillo o el Quijote, incluso a Galdós, hablaban como mis mayores. Y hablaban así porque era el verdadero lenguaje popular, no el vulgar.

“En el cine español a veces quieren plasmar el lenguaje de la calle y en realidad es una retahíla de tacos”

P. Por cierto, ¿en el lenguaje popular de antes se hablaba mejor que en el de ahora? Quizás ahora está muy mediatizado por lo anglosajón…

R. Sí, sí, efectivamente. Lo anglosajón, lo virtual y un poco las modas. Mira, por ejemplo, el cine español: no siempre, pero a veces quieren plasmar el lenguaje de la calle y en realidad es una retahíla de tacos. El lenguaje de la calle no sirve para literatura. Los campesinos de Juan Rulfo no hablan como dice Rulfo, eso está pasado por su laboratorio. Si te vas a un sanatorio donde hay un ser querido llorando a lágrima viva y pones a esa mujer o ese hombre en un escenario, ese llanto no es creíble.

P. Pedro Almodóvar comentaba algo muy parecido en un homenaje reciente a Marisa Paredes en televisión: decía que cuando ves a la actriz llorando y te la crees, no la crees a ella, sino al personaje. O sea, si Marisa Paredes llorara porque está exteriorizando un drama personal, no te la creerías. En fin, que las lágrimas tienen que ser dramatizadas.

R. Exactamente. Es que lo otro no vale, no vale. Si pones una cámara delante de esos típicos graciosos de sobremesa, con los que te partes de risa, se les acaba la gracia. Quiero decir que la realidad tiene sus reglas y el arte tiene sus reglas. Y si quieres reproducir el lenguaje oral, lo tienes que reproducir a partir de unos códigos literarios.

P. ¿A qué personaje de esta novela le ha prestado más atributos propios?

R. Pues quizá a Tomás, el periodista con ínfulas de escritor. Le he prestado muchas de mis incertidumbres… Esa idea de querer hacer una novela estupenda y no poder. Cuando te pones, lo que quieres hacer siempre es inalcanzable. Cuando empiezas a escribir una novela, crees que va a ser la hostia. Y luego te quedas en lo que te quedas, ¿no? Haces lo que puedes. Pero intentas negociar contigo mismo, en algún momento tienes que conformarte.

»Pero bueno, como decía Don Quijote, en el intento está la gloria. Intentarlo te dignifica y, de algún modo, te reconforta, ¿no? Decía Faulkner que todos los escritores de su generación, incluido él mismo, habían fracasado en el intento de decir lo indecible. Y es que eran muy ambiciosos.

P. Cuenta Tomás que iba a la busca de un tema para escribir una novela. ¿Le ha ocurrido? ¿Alguna vez se queda sin temas y tiene que ir a buscarlos?

R. Sí, pero los encuentro en la memoria. En la memoria está la chispa, y además la realidad aporta un poquito. La realidad te tiene que dar el primer material, eso sí. Todo es cuestión de currárselo. Y si te pones todas las mañanas a escribir porque es tu proyecto de vida y no puedes vivir sin hacerlo, pues entonces, joder, algo se te tendrá que ocurrir. Y luego ponerte a escribir, porque a veces tienes una idea muy vaga, muy difusa, muy débil, pero si te pones a escribir, todo se ilumina. Las propias palabras te van ayudando.

“He dado lo mejor de mí mismo en cada frase que he escrito”

P. Usted es mayor que Ginés en el momento en que siente que debe hacer balance de su vida. ¿A usted le ha dado por hacerlo? Si no es indiscreción, ¿le saldría positivo?

R. Claro, a todos nos llega la hora de hacer balance. Los sueños que tuviste, tus proyectos, qué ha sido de tu vida, si has hecho lo que debías hacer o no. En el mundo de la escritura sí me sale positivo. Por lo menos, he dado lo mejor de mí mismo en cada frase que he escrito, en todos mis libros.

P. Y eso que su primer libro fue tardío, nunca mejor dicho.

R. Sí, pero a escribir empecé con 15 años, o sea, soy precoz. Lo que pasa es que no publiqué hasta que no tenía nada digno, a mi modo de ver, de ser publicado. ¿Y el balance? No sé, no acabo de tenerlo claro… Pero bueno, no he hecho demasiado daño a nadie. Al menos, mi norma ética es no hacerle daño a nadie. Hay tres adjetivos de Marco Aurelio que yo me aplico: ser dulce, grave y sincero. Es bonito, ¿no?

»El balance no está mal, no está mal. Dentro de lo que es la vida, que tampoco cumples tus sueños ni nada parecido. Luego, pues el poema de Gil de Biedma: “Como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante. / Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos”. Pero al final “envejecer, morir, es el único argumento de la obra”. Este es el balance.

P. A propósito de lo de hacer daño, en el relato de “Historia de un instante” se habla, entre otros asuntos, del impacto que puede causar en una persona las habladurías de la gente. Me ha recordado al reciente caso de David Uclés, del que unos dicen que ha creado un personaje impostado, mientras otros se compadecen de la persecución a la que está siendo sometido. ¿Ha seguido el caso? ¿Qué le parece?

R. Sí, un poco. Pero a mí lo que me extraña es que se arme tanto alboroto por algo tan sencillo como que ha habido un desencuentro entre ellos. Bueno, los dos tienen sus razones y ya está.

P. Hay quien dice que a Uclés lo estaban esperando…

R. Es posible, sí. A mí me hizo un chiste Forges después de publicar mi primera novela. En su viñeta, está todo el gentío de la Feria del Libro de Madrid y hay uno que le dice a otro: “Le veo preocupado”. Y el otro dice: “Es que soy Landero y tengo que publicar mi próxima novela”. Y el primero le pregunta: “¿cómo se titula?” Y Landero responde: Me están esperando con toda la artillería.

»No sé, creo que no es para tanto. Hablemos mejor de literatura, o sea, hablemos de lo que escribe Arturo y lo que escribe David. Y ya está. Porque esto es más digno de un patio de vecindad que de una cosa seria, ¿no?

»Pero te iba a decir otra cosa… ¡Ah! Cómo a veces, efectivamente, la gente puede destruir a alguien. Ahora con las redes es muy fácil. Solamente hace falta decir una mentira en Twitter, o como se llame esto, y a partir de ahí se suman todos. Eso es tremendo. Es verdad que ya pasaba antes, pero claro, era de otra manera.

P. Siempre ha habido camarillas, ¿no?

R. Claro, y ha habido habladurías, calumnias… Pero es que ahora es demasiado fácil.

“No hay peor tiranía que depender de la opinión de los demás”

P. ¿Cómo ha llevado usted esto? ¿Le importa la opinión ajena? ¿Le ha afectado en algún momento de su carrera?

R. No hay peor tiranía que depender de la opinión de los demás, porque eso es absolutamente destructor. Y yo sí he estado pendiente en algún momento de qué decían de mí unos y otros. Además, soy una persona insegura, pero con el tiempo me he ido haciendo más fuerte. También es verdad que he tenido buenos lectores y me han hecho buenas críticas. Pero como decía Fernando Fernán Gómez, a mí me hacen 100 críticas, 99 críticas buenas y una mala… Y la mala es la que vale. Pienso: “Este cabrón ha sabido leerme”.

»Todavía estoy en un periodo de aprendizaje y necesito que la gente me dé una palmada en el hombro y diga: ‘que sí, joder, que lo haces bien, chaval’. Y eso me viene de niño.

P. Por cierto, me ha sorprendido que Martín, el profesor de varias materias, saliera tan bien parado después de una confesión como esa, sobre todo con la menor. Ninguna de las tres mujeres le reprueba significativamente su actitud en el plano sexual. ¿Teme haber sido equidistante en el dibujo de este personaje? ¿Tiene en cuenta la conversación actual?

R. Es inevitable. Lo que pasa es que, claro, la escritura tiene que ser un territorio de libertad donde no puedes andar con miedos. Pero también es verdad que el caso que se plantea ahí es ambiguo. Uno de los personajes dice que el pensamiento es libre y la mirada también es libre. Bueno, no lo sé. De todas maneras, es siempre más fácil escribir las cosas que explicarlas.

»Cuando tratas un tema como ese que yo intento preguntarme cuáles son los límites, dónde está la raya que no puedes cruzar. O sea, no debes seducir a una menor tampoco con la mirada. No, no se debe, es verdad. Pero bueno, quería indagar…

“El feminismo es un proceso en marcha, entonces hay un léxico vacilante e ideas que todavía no se han asentado”

»En fin, no sé, vivimos la época del feminismo, que es quizá la mayor revolución de nuestros tiempos. Dar a la mujer el puesto que le corresponde realmente en la sociedad. Pero como es un proceso que está en marcha, hay un léxico vacilante, todas las palabras son sospechosas, entonces hay intransigencias, ideas que todavía no se han asentado… Me imagino que dentro de unos años, las aguas se remansarán. No lo sé, no lo sé, es que esto es una cosa que me sobrepasa.

»Pero es verdad que se anda por terreno minado porque puedes meter la pata. En mi primera novela, que es del 89, Juegos de la edad tardía, hay escenas que hoy serían totalmente impugnables. Un personaje decía que los cabrones como él, porque su mujer le había puesto los cuernos, tenían que unirse, como el Ku Klux Klan, e ir a chamuscar coños por la noche. En aquellos tiempos nadie dijo nada. Es un personaje literario, una cosa totalmente imaginaria. La escritura es un terreno de libertad. No hay nada peor que la autocensura, ¿no?

P. ¿Qué queda de aquel guitarrista post-adolescente? ¿Sigue cogiendo la guitarra?

R. Ahí está [la señala, pero está dentro de la funda]. This is my guitar, it’s a 75. All the others before, but this is a Domingo Esteso, good guitar. What happens is that you don’t touch it, but if you are interested in the worm and the worm, you can do it on YouTube: “Mesón del Segoviano Paco de Alba, 1968”. As soon as he turned 20, he got into No-Do.

P. Así que la historia de los músicos flamencos tiene tintes autobiográficos…

R. Claro, el personaje de Leandro es Landero. En ese vídeo estamos tres guitarristas. El del medio soy yo, que tengo una camisa roja con lunares blancos y unas patillas que me pintaron. Esas patillas no son mías. Estoy con una camisola de estas flamencas y estamos ahí tocando unas seguirillas y hay un bailaor.

P. ¿Le interesa el flamenco de ahora?

R. Sí, claro. Bueno, depende. De todas maneras me pierdo, porque hay tantos…

P. Y hay muchos proyectos de flamenco-fusión…

R. Si, pero la fusión no me interesa. En esto soy un poco purista. Aunque lo que hizo Camarón en La leyenda del tiempo estaba muy bien, claro, pero no todos están capacitados. E Israel Galván, que también es muy rupturista, también me gusta.

P. Norberto Bobbio, el pensador italiano, escribió a los ochenta y tantos años que aspiraba a no repetirse, pues le parecía estar escribiendo siempre variaciones. ¿Piensa en esto, es de esos escritores que siente estar escribiendo siempre el mismo libro?

R. En eso también hay conformarse [risas]. Sometimes I feel like there are two types of writers. One is, for example, Vargas Llosa, who can deal with very different topics – the war in Brazil, the Dominican dictator…–, and then there are other writers who have a very small repertoire of topics and alternate like a mill that always dies in the same grain, such as Faulkner or Kafka.

P. What type of writer are you interested in?

R. I think I’m a mole [risas]. Don’t worry because I’m here to stay. When I write what I write, the vision I have of the world and people always arises in me: the gray person who clings to his dreams and talks to them with his whole body, but they don’t work. There is always something familiar, but for me it is also very important not to repeat it. No, I’ll write what I can, Joder, what I can afford [risas]. For example, now I have three stories to count and I’m dying to meet you.

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