El nuevo desplegado de la Marea Rosa no trae consigo novedad alguna en los argumentos, ni nuevos nombres, ni algún aprendizaje de su monumental fracaso. Empecemos con una breve historia de esta organización. Surgida para marchar el 13 de noviembre de 2022 bajo el lema “El INE no se Toca”, siguió el 26 de febrero de 2023 con “Mi voto No Se Toca” para exigirle a la Corte de Norma Piña que declarara “inconstitucional” la Reforma Electoral aprobada por el Congreso, luego se fue al 28 de mayo donde ya lo que no se tocaba era la Suprema Corte de Norma Piña, y de nuevo, al 18 de febrero y 19 de mayo donde se apoyó la candidatura a la Presidencia de Xóchitl Gálvez como la de la CdMx, con Santiago Taboada. Luego, ante la estrepitosa derrota de sus candidatos, la Marea Rosa se decantó el 11 de agosto por ir contra la llamada “sobrerrepresentación” de Morena y aliados en el Congreso y en contra de la elección de jueces el 8 de septiembre que terminó en violencia dentro de las instalaciones del Senado de la República, por lo que los senadores tuvieron que sesionar en el antiguo recinto de Donceles. Para inicios de 2025 los dirigentes del PRIAN y PRD empiezan a organizar un nuevo partido político que se llamará “Somos México”. Sus figuras visibles son Acosta Naranjo del PRD, Edmundo Jacobo del INE, Ana Lucía Medina del PAN.
Es una organización de los partidos del viejo régimen, aunque no todos, porque el Movimiento Ciudadano se ha mantenido al margen, toda vez que gana votos con cada derrota del PRIAN. A su inicio podemos llamarle la Era del No se Toca cuando se buscaba que nada cambiara en el viejo régimen político. El primer problema al que se enfrentaron fue a que habían engañado a su propia gente para movilizarla. Les aseguraron que iba a desaparecer el INE y las credenciales de elector y alguna gente marchó para seguir teniendo el INE para cobrar cheques en el banco. Nunca les dijeron que habían marchado para proteger el puesto que Edmundo Jacobo había tenido durante dos décadas en el Instituto Electoral y por el que lloraron, literalmente, Patricia Mercado del MC, y Lorenzo Córdova y Ciro Murayama. Pero siguieron en la Era del No Se Toca con Norma Piña, hasta que entraron en la Era de Xóchitl cuando la disfrazaron de fenómeno político, y a Taboada, ligado al Cartel Inmobiliario del PAN. Pero perdieron. Sin siquiera emitir un análisis de esa derrota, trataron de ensuciar la elección condenando una sobrerrepresentación que ellos mismos habían inventado desde el INE para favorecer al PRI de Peña Nieto, al que Lorenzo Córdoba le debía haberse reelegido en el INE por el Pacto por México y el cambio de IFE a INE. Ahora buscan ser un partido político pero, antes, han sacado el desplegado que hoy nos ocupará. Ustedes se preguntarán qué interés tiene si no hay novedades y son los mismos que, desde 2019, han llamado dictadura al régimen que surge de las elecciones más participativas de la historia —15 millones de personas que antes no votaban decidieron hacerlo por Andrés Manuel y Claudia Sheinbaum le agregó a otros seis millones—, esa misma gente que ha estado diciendo que la política es de los políticos y que desdeñan a los ciudadanos, que celebraron que al Presidente se le llamara “pata rajada”, que apoyaron, ya en su decadencia, la violencia en el Zócalo de la supuesta Marcha Z, organizada por el PRI. Aquí hay que detenerse un poco: estamos hablando de una organización suelta que puede arrojar la molotov y esconder la mano, y que estuvo implicada en un intento de golpe de Estado el 15 de noviembre del año pasado. Un golpe de Estado apoyado por los medios de comunicación —destacadamente TvAzteca y Radio Fórmula— y personajes destacados del PRIAN como Alito Moreno, Rubén Moreira, y Emilio Álvarez Icaza, mientras la Embajada de Estados Unidos y el Presidente Trump amagaban con la intervención militar para sofocar la supuesta violencia incontrolable, que esa misma marcha debía provocar. Así que esta Marea Rosa pasó de proteger al INE a apoyar a Xóchitl a querer un golpe de Estado y una intervención militar de los gringos. Y ahora quieren ser partido político. No me parece un asunto menor denunciar que esta organización juega a estar dentro del marco legal y a abandonarlo. No quieren la democracia de la soberanía del pueblo —que han dicho que no existe— y les parece bien una intervención militar de los Estados Unidos en México. Dicen querer “la democracia” pero se han comportado en contra de ella durante cuatro décadas. Entonces, ¿ahora a qué quieren jugar siendo partido?
Así llegamos a este bello desplegado. Lo primero que hay que decir es que abandonaron esa poética expresión de la “deriva autoritaria” que tanto nos hizo soñar. Ahora instauran una nueva que es igualmente creativa: la tensión institucional. Dice su desplegado: “México atraviesa un momento de alta tensión institucional”. Hasta este momento no sabía que las instituciones tenían presión arterial. ¿De cuánto será la de la Cámara de Diputados o la de la Suprema Corte o de la UNAM? ¿130/95? ¿Quién la mide y con qué? ¿O será alta tensión eléctrica? ¿Será la alta tensión culpa de la CFE, aunque ya no esté Bartlett, uno de sus villanos favoritos? Nah, la metáfora no funciona. Luego dice su desplegado: “En el debate público se ha planteado una nueva Reforma Político-Electoral que, lejos de fortalecer el sistema democrático, plantea riesgos claros de regresión en materia de autonomía institucional, pluralismo político y equilibrios constitucionales”. Dicen que la Reforma Política se ha planteado en el debate público. Primera mentira. Ha sido en la Cámara de Diputados y desde la Presidencia de la República. Se los enumero: 23 foros en el Parlamento Abierto entre julio y agosto de 2022, cinco foros nacionales, 32 estatales y 27 regionales en 2024, y 17 foros y audiencias públicas entre 2025 y 2026. En total ha habido 187 discusiones organizadas desde las instituciones que parece que andan malos de su presión. Por lo tanto, no es necesario hacer un desplegado.
Sigue el querido desplegado. “Ante este escenario, resulta indispensable una respuesta ciudadana amplia, responsable y organizada que coloque en el centro la defensa de la democracia constitucional”. Segundo engaño: a lo que ellos llaman “ciudadanía” son las agrupaciones de Whatsapp de la exdiputada del PAN, Ana Lucía Molina y los que estuvieron detrás de la campaña de narco-Estado y narco-candidata, es decir “Sociedad Civil MX”, que coordina una hija de Xóchitl Gálvez. Para ellos, como célebremente escribió Murayama, “el pueblo no existe”, tampoco los ciudadanos que les dieron la espalda como nunca en 2024 cuando tanto el PRI como el PAN alcanzaron bajos históricos de votación. Ahora, la defensa de la “democracia constitucional” es lo que menos han hecho desde la Marea Rosa. Siendo constitucional que los representantes en el Congreso propusieran reformas constitucionales, se opusieron a ellas amparándose ante la Suprema Corte de Norma Piña. Siendo constitucional la adjudicación de curules, dijeron que era sobrerrepresentación. Siendo constitucional la elección de jueces, se opusieron a ella diciendo que había “acordeones” repartidos por el gobierno, cosa que, además, nunca pudieron probar en el Tribunal Electoral que ahora dicen defender. Pero no nos adelantemos. Sigue el manifiesto a la ciudadanía que no existe: “México sí vivió una transición hacia la democracia, resultado de un prolongado esfuerzo de diálogo, reflexión común e inclusión plural entre fuerzas políticas, sociedad civil, academia y ciudadanía”. Aquí se equivocan en el término “transición hacia la democracia”. Estas transiciones duran tres o cuatro años, no cuarenta años. Estas transiciones son un nuevo régimen, no el viejo al que ellos han defendido en el INE, los jueces, y hasta la sobrerrpresentación de la oposición en el Congreso. En estas “transiciones”, como España o Chile, no hay fraudes electorales como en 2006 o compra de votos por parte del PRI como en 2012. ¿Quién vivió esa “transición a la democracia” de cuarenta años que nunca llegaba a la plena democracia? Pues los del IFE, INE, la burocracia del PRIAN, Vicente Fox y Santiago Creel que desaforaron al entonces Jefe de Gobierno de la CdMx para que no pudiera competir en la elección en la que finalmente le hicieron otro fraude o Elba Esther Gordillo y sus operativos de acarreo en el día mismo de la jornada electoral, los consejeros, como Sánchez Gutiérrez que fueron a la Embajada estadunidense a decir que iba a ganar Felipe Calderón dos días antes de la elección, los catedráticos que iban y venían dando conferencias sobre la democracia a Italia, España, y Estados Unidos. Luego, hablan de sobrerrepresentación. Hay que ser serios: si el PAN ganó en tres distritos y se le asignaron 70 diputados, ¿quién es el sobrerrepresentado? Del MC ni hablamos: ganó en un distrito de San Juan de los Lagos y ostenta 23 diputados. Eso es constitucional cuando se les asigna lo que no ganaron pero no lo es cuando se le asigna al otro. Como hemos dicho en anteriores columnas, la sobrerrepresentación viene de la Reforma a la Constitución que hizo Ernesto Zedillo en 1996 de que ningún partido debería sobrepasar el ocho por ciento de su propia representación. Esto fue aprobado con los votos del PRIAN y PRD en la Cámara. Luego, en 2014 Peña Nieto la modificó de tal manera que las coaliciones no tuvieran un sólo logotipo, es decir, que contaran como un sólo partido y obligó a cada partido a usar su emblema por separado, con lo que se dio cauce a que el ocho por ciento siguiera siendo por partido y no por coalición. Esto también los votaron en el Pacto por México entre PRIAN y PRD. Así que la rabieta contra la sobrerrepresentación fue contra el pueblo que votó, votamos, por el PLAN C: la mayoría calificada en el Congreso. Así que muy “constitucionales” no son mucho estos demócratas.
Siguen diciendo: “Ese proceso permitió construir instituciones, reglas y contrapesos que dieron legitimidad y estabilidad a la vida pública. Hoy, ese método democrático —basado en el acuerdo, la pluralidad y la deliberación— ha sido desplazado desde el poder. Esta ruptura con el espíritu de la transición es una de las razones fundamentales que nos convoca”. ¿Será esa “transición” sólo un espíritu? Puede ser. Porque la estabilidad de la vida pública venía desde las matanzas del PRI en los años sesentas, setentas y ochentas. La legitimidad no hubo nunca. ¿O a poco Carlos Salinas de Gortari fue legítimo con tremendo fraude en 1988? ¿O Felipe Calderón? Lo de los contrapesos ya ni los detallamos. La separación de los tres poderes en México es desde 1824 y salvo en presencia de las dictaduras como la de Porfirio Díaz y el PRI, no es creación de Edmundo Jacobo o de Margarita Zavala que forman este sesudo manifiesto.
Pero continúan sin taparse la cara de vergüenza: “La razón principal de la existencia de este Frente es no permitir, no admitir y actuar para impedir la restauración del antiguo régimen, bajo cualquier forma o denominación”. Aquí los representantes del antiguo régimen avisan que no vaya a ser la de malas y regresemos al viejo régimen. Dicen: “La imposición de una reforma sin el consenso de todas las corrientes políticas, incluidas las de oposición, reflejaría la verdadera intención de cerrar cualquier posibilidad de alternancia política”. Wow. Aquí confundieron cosas: una es que se debata la reforma, otra cómo se vota, y todavía otra es que haya alternancia en la Presidencia. Debates, ya vimos, existieron 187. Que la oposición no haya tenido más que el 27 por ciento de la votación es culpa de ella misma, no tiene nada de anti-democrático. Y que si no hay consenso de ellos y siguen perdiendo como puercos no quiere decir que alguien les esté cerrando las puertas. Ellos mismos se las han cerrado por todo lo que han hecho y que no les ha merecido ni la más mínima autocrítica, ya no se diga análisis. Que no quieran votarla no quiere decir que se vaya a imponer. Eso es una falacia del tamaño de los abajo firmantes. Si el consenso no es posible, las decisiones las toma la mayoría, y eso no es imposición. Es constitucional. Estamos hablando de los mismos que se negaron siquiera a leer las iniciativas de López Obrador en su huelga parlamentaria que funcionó como un boicot todo pagado de los diputados —casi todos plurinominales— del McPRIAN. Así que prepárense para que se abstengan de votar como se han abstenido de todo durante siete años.
Ya nada más por ser acusioso y ocioso, le doy lectura al resto del desplegado: “Este Frente no pertenece a ninguna ideología ni partido”. Aseguran, así, sin ningún pudor, ni recato, ni escrúpulo. ¿No hay dirigentes de partidos? Están, vamos a ver: un expresidente de la República salido del PAN, Vicente Fox, Margarita Zavala la eterna candidata del PAN, el excandidato presidencial del PRI, Francisco Labastida, el mismo que escribió en sus memorias que la llegada de Vicente Fox había sido un pacto entre Zedillo y Bill Clinton a cambio del préstamos de 20 mil millones de dólares. Dulce María Sauri, expresidenta del PRI. César Camacho Quiroz, exgobernador del PRI en el Estado de México. Graco Ramírez exgobernador de Morelos por el PRD. Juan Carlos romero Hicks del PAN y del Yunque en Guanajuato. Está también el dirigente del exPRD, Guadalupe Acosta Naranjo, los exdirgentes del PRI Ildefonso Guajardo y José Narro Robles. Muchos del viejo IFE, José Woldenberg, María Marván, Jacqueline Peschard, Lorenzo Córdoba, Leonardo Valdés Zurita y, por supuesto, Edmundo Jacobo que organizó una marcha para quedarse con su puesto y su sueldo pero que, ya viendo la jubilación, optó por renunciar al INE.
Pero en lo que sí coincido con estos señores y señoras es que no tienen ideología. Todo ha sido el “no se toca”, el financiar una campaña electoral de puro lodo —por cierto, uno de los que firman es Jorge Castañeda que alentó eso desde la televisión abierta—, digo, que han hecho huelgas legislativas, saboteado desde la Suprema Corte de Norma Piña, y últimamente alentado a fuerzas violentas que intentaban tomar Palacio Nacional para justificar una invasión de Estados Unidos. No tiene ideología, salvo que las cosas regresen a cuando ellos eran poderosos, admirados, y millonarios con dinero público. Qué ruco está el viejo régimen.

Leave a Reply